Vistiendo a los “kekos”

Chicas, no sé si os habéis dado cuenta, pero hemos pasado de vestir a Nenuco y a Nancy a vestir a nuestros novios y futuribles. Llega un momento en el que sabes que la relación va a funcionar cuandoImage comienzas a cambiarle algún detalle insignificante de su look, desde el dobladillo de sus pantalones hasta sus calzoncillos… Es en ese momento cuando sabes que la historia tiene futuro. No nos engañemos. Empezamos a renovar su fondo de armario porque necesitamos consolidar la relación.

Pero lo peor es cuando viene de relaciones pasadas. Cada vez que le ves la camisa que le regaló la ex, o lo que es peor, se la ves puesta, te entran unas ganas irrefrenables de echársela a la hoguera para que lo único que quede de ella sean las cenizas.

El termómetro para saber la solidez de nuestra relación y si tendrá futuro es inversamente proporcional a la intensidad de oposición que ponga nuestro “keko” en el cambio del vestuario. Si le consigues vestir de arriba a abajo, ya puedes afirmar rotundamente que es tuyo. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero cuando conseguimos que nuestro novio/futurible salga a la calle como a nosotras nos gusta, nos sentimos como los cowboys del Oeste Americano en sus grandes ranchos ganaderos que identificaban de su propiedad a sus vacas con el “marcaje” con hierro candente en su anca.

Y cuando salimos a pasear y le hemos vestido de cabo a rabo como queremos nosotras, por fin es de nuestra propiedad.

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